Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡Probablemente! —respondió el doctor, riéndose de la salida de Bell—. Pero aquà la diferencia no es sensible, y desplegando un esfuerzo igual de los músculos de la pantorrilla, Bell saltará a tanta altura aquà como en los malecones del Mersey.
—SÃ, pero ¿y en el Sol? —replicó Bell, que no volvÃa en sà de su asombro.
—Amigo mÃo —le respondió el doctor—, la consecuencia de todo es que estamos bien donde estamos y que es inútil ir a otra parte.
—Habéis dicho antes —repuso Altamont— que el caso en que nos hallamos serÃa tal vez el más propio para intentar una excursión al centro de la Tierra; ¿ha pensado alguien alguna vez en emprender semejante viaje?