Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras Las válvulas son los volcanes. Cuando una se cierra, otra se abre, y en el punto de los polos, donde, sin duda a consecuencia del aplastamiento, la corteza terrestre es menos gruesa, no es asombroso que un volcán se haya formado impensadamente por el levantamiento de la tierra encima de las olas.
El doctor, mientras seguía a Hatteras, notaba estas extrañas particularidades. Sus pies pisaban una lava volcánica y depósitos de piedra pómez formados de escorias, cenizas y rocas eruptivas, parecidas a los sideróxidos y granitos de Islandia.
Pero si atribuía al islote un origen casi moderno, debíase a que el terreno sedimentario no había tenido aún tiempo de formarse.
Faltaba también el agua. Si la «isla de la Reina» hubiese contado muchos siglos de existencia, habrían brotado en su seno fuentes termales, como en las inmediaciones de los volcanes. Y no solamente no se encontraba en ella una molécula líquida, sino que los vapores que se elevaban de los arroyos de lava eran, al parecer, absolutamente anhidros.
—Así, pues, aquella isla era de formación reciente, y del mismo modo que había aparecido, podía desaparecer y sumergirse de nuevo en el fondo del océano.