Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras El 31 de julio, estando el cielo despejado al ponerse el sol, se percibieron las primeras estrellas de la constelación del cénit. Desde aquel día reinó sin cesar una espesa niebla, que dificultó considerablemente la navegación.
El doctor, viendo multiplicarse los síntomas del invierno, concibió grandes zozobras. Sabía cuántas dificultades experimentó Sir John Ross para ganar el mar de Baffin, después del abandono de su buque. Aquel audaz marino, después de haber intentado por primera vez pasar los hielos, se vio obligado a volver a su buque y a sufrir una cuarta invernada. Pero él al menos tenía un abrigo para la mala estación y provisiones y comestibles.
Si semejante desgracia sobrevenía a los sobrevivientes del Forward, si se veían obligados a detenerse o a retroceder, estaban perdidos. El doctor no reveló sus zozobras a sus compañeros, pero les dio prisa para que avanzaran todo lo posible hacia el Este.