Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras En fin, el 15 de agosto, después de treinta dÃas de una navegación bastante rápida, después de haber luchado por espacio de cuarenta y ocho horas contra los témpanos que se acumulaban en los pasos, después de haber arriesgado cien veces su frágil falúa, los navegantes se vieron absolutamente detenidos, sin poder ir más lejos. El mar estaba helado en todas direcciones, y el termómetro señalaba de ordinario 15° sobre cero (—9° centÃgrados).
Por otra parte, en todo el Norte y el Este fue fácil reconocer la proximidad de una costa por las piedras chatas y redondeadas que las olas desgastan en las playas, y por el hielo de agua dulce que se encontraba más frecuentemente.
Altamont hizo sus observaciones con escrupulosa exactitud, y obtuvo 77° 15′ de latitud y 88° 02′ de longitud.
—AsÃ, pues —dijo el doctor—, nuestra posición exacta es la siguiente: hemos alcanzado el Lincoln Septentrional, precisamente en el cabo Edén; entramos en el estrecho de Jones; con un poco de buena suerte, lo habrÃamos encontrado libre hasta el mar de Baffin. Pero no podemos quejarnos. Si mi pobre Hatteras hubiese encontrado un mar tan fácil, hubiera llegado rápidamente al Polo. Sus compañeros no le hubiesen abandonado y él no habrÃa perdido la cabeza bajo el peso de las más terribles angustias.