Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¿No les habéis conocido? —dijo el doctor con voz alterada.
—¿Qué queréis decir?
—¡Mirad!
Aquella barranca habÃa sido el teatro de una última lucha de los hombres contra el clima, contra la desesperación, contra el hambre misma, pues por ciertos despojos horribles se comprendÃa que los desgraciados se habÃan saciado en cadáveres humanos, en carne tal vez palpitante aún, y entre ellos, el doctor reconoció a Shandon, a Pen, la miserable tripulación del Forward; las fuerzas de aquellos desventurados se habÃan agotado, les habrÃan faltado los vÃveres; su lancha probablemente fue hecha trizas por los aludes y se precipitó en un abismo, y no pudieron aprovecharse del mar libre; se puede suponer también que se extraviaron en medio de aquellos continentes desconocidos. Además, hombres que habÃan marchado bajo la excitación de la revuelta no podÃan permanecer ligados entre sà por aquella unidad de miras que permite llevar a cabo las grandes empresas. Un jefe de sediciosos no tiene nunca en las manos más que un poder dudoso. Sin duda la autoridad de Shandon fue muy pronto desconocida y desacatada.