Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¡Ah! ¡Señor Clawbonny! ¡Señor Clawbonny! —RepetÃa Johnson besando las manos del doctor.
Bell, ayudado por Altamont, corrió al trineo; se trajo de él uno de los montantes, lo plantó en el témpano como un mástil y lo sostuvo con cuerdas. Se hizo pedazos la tienda para formar bien o mal una vela. El viento era favorable. Los infelices abandonados se colocaron precipitadamente en la frágil almadÃa y se dirigieron mar adentro.

Al cabo de dos horas, después de esfuerzos inauditos, los últimos hombres del Forward eran recogidos a bordo del Hans Christien, ballenero danés que navegaba en busca del estrecho de Davis.
El capitán recibió como hombre de corazón a aquellos espectros que no tenÃan ya apariencia humana. A la vista de sus padecimientos, comprendió su historia; les prodigó los más solÃcitos cuidados y consiguió conservarles la vida.

Diez dÃas después, Clawbonny, Johnson, Bell, Altamont y el capitán Hatteras desembarcaron en Korsoeur, sito en el Seeland, Dinamarca; un buque de vapor les condujo a Kiel; desde allÃ, por Altona y Hamburgo, se dirigieron a Londres, donde llegaron el 13 del mismo mes, apenas repuestos de sus largos padecimientos.