Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras El primer cuidado del doctor fue solicitar de la Real Sociedad Geográfica de Londres el favor de dirigirle una comunicación, y fue admitido a la sesión del 15 de julio.
Grande fue el asombro de aquella sabia asamblea, la cual acogió con hurras entusiastas la lectura del documento de Hatteras.
Aquel viaje, único en su especie, sin precedente en los fastos de la Historia, reunía todos los descubrimientos anteriores hechos en el seno de las regiones circumpolares; eslabonaba unas con otras las expediciones de los Parry, de los Ross, de los Franklin, de los McClure; completaba, entre los meridianos 100 y 115 la costa de las comarcas hiperbóreas, y terminaba, en fin, en aquel punto del Globo inaccesible hasta entonces, en el Polo mismo.
¡No, nunca, nunca había conmovido el corazón de Inglaterra atónita una noticia tan inesperada!
Los ingleses son apasionados a los grandes hechos geográficos. Se sintieron conmovidos y halagados en su amor propio, lo mismo el Lord que el cockney, lo mismo el banquero que el trabajador de los docks.
La noticia del gran descubrimiento circuló por todos los hilos telegráficos del Reino Unido con la rapidez del rayo; los periódicos inscribieron el nombre de Hatteras al frente de sus columnas como el de un mártir, e Inglaterra se estremeció de orgullo.