Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras ¡Cuántas angustias acompañan a esas apariciones de buques! ¡Cuántos recelos de ver frustrada la última esperanza! Parece que el buque se aproxima y aleja sucesivamente para hacerse desear más. Son horribles aquellas alternativas de esperanza y desesperación, y con frecuencia, en el momento de creerse los náufragos salvados, la vela entrevista se aleja y se borra en el horizonte.
Por todas estas amarguras pasaron el doctor y sus compañeros. HabÃan llegado al lÃmite occidental del campo de hielo, llevándose, empujándose unos a otros, y veÃan desaparecer poco a poco aquel buque, sin que él hubiese notado su presencia. ¡Le llamaban, pero en vano!
Entonces fue cuando el doctor tuvo una última inspiración de aquel fecundo genio que tan bien le habÃa servido hasta entonces.
Un témpano, arrastrado por la corriente, chocó contra el icefield.
—¡Ese témpano! —dijo señalándolo con la mano.
No le comprendieron.
—¡Embarquémonos! ¡Embarquémonos! —exclamó.

Aquello fue para todos un rayo de luz.