Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras El 21 de abril apareció el cabo Desolación entre brumas. La maniobra fatigaba a los marineros, los cuales, desde que el bergantÃn entró en los hielos, no habÃan tenido un instante de reposo. Muy pronto fue preciso recurrir al vapor para abrirse un camino por entre aquel cúmulo de témpanos.
El doctor y el contramaestre Johnson estaban conversando en la popa, mientras Shandon procuraba dormir algunas horas en su camarote. Clawbonny solicitaba la conversación del viejo marino, que debÃa a sus numerosos viajes una instrucción interesante y sensata. El doctor le profesaba una sincera amistad, a la cual el contramaestre correspondÃa cordialmente.
—Ya veis, señor Clawbonny —decÃa Johnson—, que este paÃs no es como todos los otros. Se le ha llamado la Tierra Verde[17]; pero son pocas cada año las semanas que justifican su nombre.
—¿Quién sabe, amigo Johnson —respondió el doctor—, si esta tierra en el siglo X tenÃa derecho a llamarse como se llama? Más de una revolución de este género se ha producido en nuestro Globo, y yo os asombrarÃa mucho si os dijese que, según cuentan los cronistas islandeses, ochocientos o novecientos años atrás, doscientas poblaciones florecÃan en este continente.
—Me asombráis de tal modo, señor Clawbonny, que no podrÃa creeros, porque éste es un triste paÃs.