Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —Es menester pasar; tenéis razón, señor Clawbonny. En junio y julio hubiéramos hallado el paso libre, como lo hallan los balleneros; pero las órdenes eran precisas, y hemos tenido que estar aquà en abril. AsÃ, pues, o mucho me engaño, o nuestro capitán es un mozo de pelo en pecho, sólidamente templado, que tiene una idea. No se parte tan anticipadamente sino para ir lejos. En fin, vivir para ver.
El doctor habÃa tenido razón en anunciar un descenso en la temperatura. El termómetro señalaba al mediodÃa 6° (—14° centÃgrados), y remaba una brisa del Noroeste, que al mismo tiempo que despejaba la atmósfera, ayudaba a la corriente a precipitar los hielos flotantes hacia el camino del Forward. No todos, sin embargo, obedecÃan al mismo impulso. No era raro encontrar algunos de los más altos, que, empujados en su base por una corriente submarina, derivaban en un sentido opuesto.