Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¿Quién habla del capitán? —dijo en aquel momento un nuevo interlocutor.
Era el marinero Clifton, un si es no es supersticioso y envidioso al mismo tiempo.
—¿Se sabe acaso algo de nuevo acerca del capitán?
—No —respondieron todas las voces confundiéndose en una sola.
—Pues bien, yo espero hallarle una mañana instalado en su camarote sin que nadie sepa cómo ni por dónde habrá llegado.
—¡Vaya una extravagancia! —Respondió Bolton—. ¿Te figuras, Clifton, que el capitán es un trasgo, un duende como los que hacen de las suyas en las altas tierras de Escocia?
—RÃete cuanto quieras, Bolton; tus risas no me harán variar de opinión. Todos los dÃas, al pasar por delante del camarote, atisbo por el agujero de la cerradura, y ha de llegar muy pronto una mañana en que os diga a quién el capitán se parece y cómo está hecho.
—¡Vaya al diablo tu capitán! —Dijo Pen—. Se me da de él lo mismo que de todos los otros. Y si es tan guapo que quiera llevamos donde no nos dé la gana de ir, le habrá caÃdo la loterÃa.
—¡Eso está bien! —dijo Bolton—. Pen no conoce al capitán y ya piensa en armarle camorra.