Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¿Quién no lo conoce? —replicó Clifton como queriendo dar a entender que él sabÃa algo—. Yo creo que lo conocemos todos.
—No sabemos lo que quieres decir —contestó Gripper.
—Yo me entiendo y bailo solo.
—¡Pero no te entendemos nosotros!
—¿Acaso Pen no ha tenido ya con él algunas desazones?
—¿Con el capitán?
—SÃ, con el capitán-perro, que es exactamente lo mismo.

Los marineros se miraron sin atreverse a responder.
—Hombre o perro —dijo Pen entre dientes—, yo os juro que el tal animalito, tarde o temprano, nos las pagará todas juntas.
—Veamos, Clifton —dijo con serenidad Bolton—; ¿crees tú, como lo ha dicho en chanza Johnson, que el perro que tenemos a bordo es el verdadero capitán?
—¿Quién lo duda? —Respondió Clifton con convicción—. Y si vosotros fueseis observadores como yo, habrÃais notado las maneras extrañas de ese animal.
—¿Qué maneras? Habla, explÃcate.