Aventuras del capitan Hatteras
Aventuras del capitan Hatteras —¿No habéis notado el modo que tiene de pasearse por la popa con un aire de autoridad, mirando la jarcia del buque, como si estuviese de guardia?
—Es verdad —dijo Gripper—, y una tarde lo sorprendà con las patas apoyadas en la rueda del gobernalle.
—¡Imposible! —exclamó Bolton.
—¿Y acaso —prosiguió Clifton— no sabéis que por la noche abandona el buque para irse a pasear por los campos de hielo, sin cuidarse del frÃo ni de los osos?
—También es cierto —respondió Bolton.
—¿Y habéis visto alguna vez a ese animal buscar, como un perro honrado, la compañÃa de los hombres, entrar en la cocina, y mirar solÃcitamente al buen Strong cuando lleva algún buen bocado al comandante? ¿No le oÃs por la noche cuando se aleja del buque a la distancia de dos o tres millas, aullar de manera que os causa escalofrÃos, que no es fácil, sin embargo, que se sientan bajo la temperatura que arrostramos? Por último, ¿habéis visto alguna vez que el tal perro comiese? No toma nada de nadie; su ración está siempre intacta, y a no ser que alguno de a bordo le dé de comer secretamente, tengo el derecho de decir que vive del aire del cielo. Si todo eso no es fantástico, venga Dios y véalo.