Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo -¡Ah! Si hiciera una cosa semejante, le proclamarÃa el primer sabio del mundo.
El doctor permaneció algunos instantes silencioso y reflexivo. Sus dos compañeros le miraban con ansiedad, sobreexcitados por aquella situación extraordinaria. Fergusson no tardó en volver a tomar la palabra.
-He aquà mi plan -dijo-. Nos quedan doscientas libras de lastre, puesto que están aún intactos los sacos que hemos traÃdo. Supongamos que el prisionero, extenuado evidentemente por los padecimientos, pesa tanto como cualquiera de nosotros; todavÃa nos quedarán unas sesenta libras para arrojar con objeto de subir más rápidamente.
-¿Cómo piensas, pues, maniobrar? -preguntó Kennedy.
-Voy a decÃrtelo, Dick. Sin duda admitirás que si recojo al prisionero y me desprendo de una cantidad de lastre igual a su peso, no habré turbado en lo más mÃnimo el equilibrio del globo; pero entonces, si quiero realizar una ascensión rápida para ponerme fuera del alcance de esa tribu de negros, tendré que recurrir a medios más enérgicos que el soplete. Pues bien, precipitando el lastre excedente en el momento requerido, estoy seguro de subir con mucha rapidez.
-Es evidente.