Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo -¡No siento morir! -añadió-. Mi vida es de Dios, y Dios dispone de ella.
-Espere -le respondió el doctor-, estamos a su lado y le salvaremos de la muerte igual que le hemos liberado del suplicio.
-No Pido tanto al Cielo -respondió el sacerdote, resignado-. ¡Bendito sea Dios por haberme concedido, antes de morir, la dicha de apretar manos amigas y oÃr la lengua de mi paÃs!
El misionero se sintió desfallecer nuevamente, y el dÃa transcurrió entre la esperanza y la zozobra. Kennedy estaba muy conmovido, y Joe volvÃa la cabeza para ocultar sus lágrimas.
El Victoria avanzaba poco, y el viento parecÃa acunar su preciosa carga.
A la caÃda de la tarde, Joe distinguió hacia el oeste un resplandor inmenso. Bajo latitudes más elevadas se hubiera tomado aquel resplandor por una aurora boreal. El cielo parecÃa una hoguera. El doctor examinó con atención el fenómeno.
-No puede ser más que un volcán en actividad -dijo.
-Pues el viento nos lleva hacia él -replicó Kennedy.
-TranquilÃzate. Pasaremos a una altura considerable.