Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo Después de su viaje al Tibet, el doctor estuvo dos años sin hablar de expediciones nuevas. Dick llegó a imaginar que se habían apaciguado los instintos de viaje e impulsos aventureros de su amigo, lo que le complacía en extremo. La cosa, se decía a sí mismo, tenía un día u otro que concluir de mala manera. Por más que se tenga don de gentes, no se viaja impunemente entre antropófagos y fieras. Kennedy procuraba, pues, tener a raya a Samuel, que había hecho ya bastante por la ciencia y demasiado para la gratitud humana. El doctor no respondía una palabra; permanecía pensativo y después se entregaba a secretos cálculos, pasando las noches en operaciones de números y experimentos con aparatos singulares de los que nadie se percataba. Se percibía que en su cerebro fermentaba un gran pensamiento.
-¿Qué estará tramando- -se preguntó Kennedy en enero, cuando su amigo se separó de él para volver a Londres.
Una mañana lo supo por el artículo del Daily Telegraph.
-¡Misericordia! —exclamó-. ¡Insensato! ¡Loco! ¡Atravesar África en un globo! ¡Es lo único que nos faltaba! ¡He aquí en lo que meditaba desde hace dos años!