Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo Sus compañeros le comprendieron. El nivel del suelo, a consecuencia de su constante depresión, se hallaba entonces al nivel del mar, por lo que el globo se mantuvo en un equilibrio perfecto y una inmovilidad absoluta.
El peso de los viajeros fue reemplazado por una carga equivalente de arena, y éstos echaron pie a tierra, se sumieron en sus pensamientos y durante algunas horas no despegaron los labios. Joe preparó la cena, compuesta de galletas y pemmican, que apenas probó nadie, y un sorbo de agua caliente completó tan triste cena.
Durante la noche, nadie veló, pero nadie durmió tampoco. El calor era sofocante. Al dÃa siguiente no quedaba más que media pinta de agua; el doctor la puso aparte y todos resolvieron no recurrir a ella sino en último extremo.
-¡Me ahogo! -exclamó al poco Joe-. ¡El calor va en aumento! No me extraña -dijo, después de haber consultado el termómetro-. ¡Ciento cuarenta grados!
-La arena -respondió el cazador- abrasa como si saliese de un horno. ¡Y ni una nube en este cielo de fuego! ¡Es para volverse loco!
-No nos desesperemos -dijo el doctor-; a estos grandes calores suceden inevitablemente, en esta latitud, tempestades que llegan con la rapidez del rayo. A pesar de la angustiosa serenidad del cielo, pueden producirse en él en menos de una hora grandes alteraciones.