Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo -Pero, señor, algo se ha de hacer, y lo que propongo no le perjudica en lo más mÃnimo, puesto que, como he dicho, no tendrá que aguardarme; y, en rigor, ¿no puedo salir bien de mi empeño?
-¡No, Joe! ¡No! ¡No nos separaremos! La separación serÃa un nuevo dolor añadido a los que nos afligen. Estaba escrito que habÃamos de pasar lo que estamos pasando, y escrito también está probablemente que nuestra situación mejore más adelante. Aguardemos, pues, con resignación.
-De acuerdo, señor, pero le advierto que le doy un dÃa para pensarlo y no aguardaré más. Hoy es domingo, o, mejor dicho, lunes, pues ya es la una de la madrugada. Si el martes no partimos, probaré fortuna. Mi decisión es irrevocable.
El doctor no respondió; llegó a la barquilla y se acomodó al lado de Kennedy. Éste se hallaba sumido en un silencio absoluto, que no debÃa de ser efecto del sueño.