Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo El muchacho miró a su alrededor. En la barquilla, el abrumado doctor, con los brazos cruzados, miraba un punto imaginario en el espacio espantoso; meneaba la cabeza de derecha a izquierda como una fiera enjaulada.
De repente, la mirada del cazador se dirigió a su carabina, cuya culata sobresalÃa del borde de la barquilla.
-¡Ah! -exclamó, levantándose con un esfuerzo sobrehumano.
Y se precipitó hacia el arma, extraviado, loco, y dirigió el cañón hacia su boca.
-¡Señor! ¡Señor! -exclamó Joe, arrojándose sobre él.
-¡Déjame! ¡Quita! -dijo el escocés con voz ronca.
Los dos luchaban con encarnizamiento.
-Apártate o te mato -repitió Kennedy.
Pero Joe se asÃa a él con fuerza, y asà combatieron durante más de un minuto sin que el doctor pareciese reparar en nada; pero, durante la lucha, la carabina se disparó, y al ruido de la detonación el doctor se levantó como un espectro y miró a su alrededor.
De pronto, su mirada se animó, extendió una mano hacia el horizonte y, con una voz que nada tenÃa de humano, exclamó:
-¡Allá! ¡Allá! ¡Allá abajo!