Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo Entonces, mientras Fergusson y Kennedy permanecían tendidos sin moverse, se apoderó de él el invencible pensamiento de apurar las pocas gotas de agua que había reservadas. Este pensamiento fue más fuerte que él; se dirigió, arrastrándose, a la barquilla, contempló con sedientos ojos la botella donde estaba el agua, la cogió y se la llevó a los labios.
En aquel momento, estas palabras, « ¡A beber! ¡A beber! », fueron pronunciadas en un tono que desgarraba el alma.
Era Kennedy, que se arrastraba junto a él; el desgraciado inspiraba compasión, pedía de rodillas, lloraba.
Joe, llorando también, le ofreció la botella, y Kennedy apuró su contenido hasta la última gota.
-Gracias -dijo.
Pero Joe no le oyó; igual que él, se había desplomado sobre la arena.
Se ignora lo que pasó durante aquella espantosa noche. Pero el martes por la mañana, bajo los chorros de fuego que derramaba el sol, los infortunados sintieron que sus miembros se secaban poco a poco. Cuando Joe quiso levantarse, le resultó imposible, de manera que no pudo poner en práctica su proyecto.