Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo -No, pero hemos de temer a las tribus, que son aún peores.
-He aquí -dijo Joe- algo que parece una ciudad.
-Es Kernak, a donde nos llevan las últimas bocanadas de viento. Podremos, si nos conviene, sacar un plano con toda exactitud.
-¿No nos acercaremos? -preguntó Kennedy.
-Nada más fácil, Dick. Estamos justo encima de la ciudad. Permíteme cerrar un poco la espita del soplete y no tardaremos en bajar.
Media hora después, el Victoria se mantenía inmóvil a doscientos pies de tierra.
-Más cerca estamos de Kernak -dijo el doctor- que lo estaría de Londres un hombre encaramado en la esfera que corona la cúpula de San Pablo. Podemos examinar la ciudad a gusto.
-¿Qué ruido de mazos es ese que se oye por todas partes?
Joe miró con atención y vio que el ruido era producido por un considerable número de tejedores, que golpeaban al aire libre sus telas extendidas sobre gruesos troncos de árbol.