Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo Tomó sus disposiciones en consecuencia y reemplazó el peso de Joe por un suplemento de lastre. Invirtió todo el día en estos preparativos, los cuales llegaron a su término al regresar Kennedy. El cazador había aprovechado las municiones. Volvió con todo un cargamento de gansos, ánades, chochas, cercetas y chorlitos, que él mismo se encargó de preparar y ahumar. Ensartó cada pieza en una fina caña y la colgó sobre una hoguera de leña verde. Cuando las aves estuvieron en su punto fueron almacenadas en la barquilla.
Al día siguiente, el cazador debía completar las provisiones.
La noche sorprendió a los viajeros en medio de sus ocupaciones. Su cena se compuso de pemmican, galletas y té. El cansancio, después de haberles abierto el apetito, les dio sueño. Durante su guardia, ambos interrogaron más de una vez las tinieblas creyendo oír la voz de Joe, pero, ¡ay!, estaba muy lejos de ellos aquella voz que hubieran querido oír.
Al rayar el alba, el doctor despertó a Kennedy.
-He meditado mucho -le dijo- acerca de lo que conviene hacer para encontrar a nuestro compañero.
-Cualquiera que sea tu proyecto, Samuel, lo apruebo. Habla.
-Lo más importante es que Joe tenga noticias nuestras.