Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo -¡Exacto! Si llegase a figurarse que lo abandonamos…
-¿Él? ¡Nos conoce demasiado! Nunca se le ocurrirÃa semejante idea; pero es preciso que sepa dónde estamos.
-Pero ¿cómo?
-Montaremos en la barquilla y nos elevaremos.
-¿Y si el viento nos arrastra?
-No nos arrastrará, afortunadamente. El viento nos conduce al lago, y esta circunstancia, que hubiera sido contraria ayer, hoy es propicia. Nuestros esfuerzos se limitarán, pues, a mantenernos durante todo el dÃa sobre esta vasta extensión de agua. Joe no podrá dejar de vernos allà donde sus miradas se dirigirán incesantemente. Acaso llegue hasta a informarnos de su paradero.
-Lo hará, sin duda, si está solo y libre.
-Y si está preso -repuso el doctor-, no teniendo los indÃgenas la costumbre de encerrar a sus cautivos, nos vera y comprenderá el objeto de nuestras pesquisas.
-Pero -repuso Kennedy-, si no hallamos ningún indicio, pues debemos preverlo todo, si no ha dejado una huella de su paso, ¿qué haremos?