Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo -Procuraremos regresar a la parte septentrional del lago, manteniéndonos a la vista todo lo posible; allí, aguardaremos, exploraremos las orillas, registraremos las márgenes, a las cuales Joe intentará sin duda llegar, y no nos iremos sin haber hecho todo lo posible por encontrarlo.
-Partamos, pues -respondió el cazador.
El doctor tomó el plano exacto de aquel pedazo de tierra firme que iba a dejar y estimó, según su mapa, que se hallaba al norte del Chad, entre la ciudad de Lari y la aldea de Ingemini, visitadas ambas por el mayor Denham. Mientras tanto, Kennedy completó sus provisiones de carne fresca; sin embargo, pese a que en los pantanos circundantes se distinguían huellas de rinocerontes, manatíes e hipopótamos, no tuvo ocasión de encontrar uno solo de semejantes animales.
A las siete de la mañana, no sin grandes dificultades de esas que el pobre Joe sabía solucionar a las mil maravillas, desengancharon el ancla del árbol. El gas se dilató y el nuevo Victoria se elevó a doscientos pies del suelo. Primero vaciló, girando sobre sí mismo; pero atrapado luego por una corriente bastante activa, avanzó sobre el lago y fue empujado muy pronto a una velocidad de veinte millas por hora.