Cinco semanas en globo

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A las dos y media, el Victoria avistó Tangalia, aldea situada en la margen oriental del Chad y que marcó el punto extremo alcanzado por Denham en la época de su exploración.

Inquietaba al doctor la dirección persistente del viento. Se sentía empujado hacia el este, arrojado de nuevo al centro de África, a los interminables desiertos.

-Es absolutamente indispensable que nos detengamos —dijo-, e incluso que tomemos tierra. Debemos regresar al lago, sobre todo por Joe; pero tratemos antes de encontrar una corriente opuesta.

Por espacio de más de una hora, buscó en diferentes zonas. El Victoria siguió derivando tierra adentro; pero, afortunadamente, a la altura de mil pies un viento muy fuerte lo condujo hacia el noroeste.

No era posible que Joe estuviese retenido en una de las islas del lago, pues hubiera hallado algún medio de manifestar su presencia. Tal vez le habían llevado a tierra. Así discurría el doctor cuando volvió a ver la orilla septentrional del Chad.

La idea de que Joe se hubiese ahogado era inadmisible. Un pensamiento horrible cruzó la mente de Fergusson y de Kennedy: los caimanes eran numerosos en aquellos parajes. Pero ni uno ni otro tuvieron valor para formular semejante preocupación. Sin embargo, resultaba tan insistente que el doctor dijo sin más preámbulos:


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