Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo -¡Pobre Joe! ¡Tan bondadoso! ¡Con un corazón tan valiente y franco! Deslumbrado momentáneamente por sus riquezas, a continuación sacrificaba gustoso sus tesoros. ¡Y ahora tan lejos de nosotros! ¡Y el viento nos arrastra a una velocidad irresistible!
-Dime, Samuel, admitiendo que haya hallado asilo entre las tribus del lago, ¿no podrÃa hacer como los viajeros que las han visitado antes que nosotros, como Denham y Barth? Éstos regresaron a su paÃs.
-¡No te hagas ilusiones, Dick! ¡Joe no sabe una palabra de la lengua del paÃs! ¡Está solo y sin recursos! Los viajeros de que tú hablas no daban un paso sin enviar a los jefes numerosos presentes, sin llevar una gran escolta, sin estar armados y preparados para una expedición. ¡Y aun asÃ, no podÃan evitar padecimientos y tribulaciones de la peor especie! ¿Qué quieres que haga nuestro desgraciado compañero? ¿Qué será de él? ¡Es horrible pensarlo! Jamás habÃa experimentado pesar tan grande.
-Pero volveremos, Samuel.
-Volveremos, Dick, aunque tengamos que abandonar el Victoria, volver a pie al lago Chad y ponernos en comunicación con el sultán de Bornu. Los árabes no pueden haber conservado un mal recuerdo de los europeos.