Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo Fergusson y Kennedy se asomaron y vieron una gran aglomeración de seres de toda especie. Había allí más de ciento cincuenta camellos, de esos que por doce mutkabas de oro van de Tombuctú a Tafilete con una carga de quinientas libras. Todos llevaban bajo la cola un talego destinado a recoger sus excrementos, que es el único combustible con que se puede contar en el desierto.
Aquellos camellos de los tuaregs son de una especie superior a todas las demás, pues pueden pasar de tres a siete días sin beber y dos sin comer; además, superan en ligereza a los caballos y obedecen con inteligencia al khabir o conductor de la caravana. Son conocidos en el país con el nombre de meharis.
Tales fueron los pormenores dados por el doctor, mientras sus compañeros contemplaban aquella multitud de hombres, mujeres y niños que caminaban penosamente por una arena movediza, contenida únicamente por algunos cardos, hierbas agostadas y zarzales muy ruines. El viento borraba casi instantáneamente la huella de sus pasos.
Joe preguntó cómo lograban los árabes orientarse en el desierto y encontrar los pozos esparcidos en aquella soledad inmensa.