Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo -Los árabes -respondió Fergusson- han recibido de la naturaleza un maravilloso instinto para reconocer su rumbo. Donde un europeo se desorientarÃa, ellos no vacilan nunca. Una piedra insignificante, un guijarro, una hierbecita, el indiferente matiz de las arenas les bastan para avanzar con seguridad completa. Durante la noche se guÃan por la estrella Polar; no andan más que dos millas por hora y descansan a mediodÃa, que es cuando hace más calor. No hace falta decir más para comprender cuánto tiempo invertirán en atravesar el Sahara, que es un desierto de más de novecientas millas.
Pero el Victoria ya se encontraba lejos de las miradas atónitas de los árabes, que debieron de envidiar su rapidez. Por la tarde pasaba por los 20 26' de longitud, y durante la noche avanzó más de un grado.
El lunes cambió el tiempo completamente. Empezó a diluviar, y fue preciso resistir el exceso de peso con que la lluvia cargaba el globo y la barquilla. Aquel aguacero continuado explicaba que toda la superficie del paÃs fuese una inmensa ciénaga; reaparecÃa la vegetación, con mimosas, baobabs y tamarindos.