Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo Estaba muy inquieto, pero no manifestó su zozobra a sus compañeros. La obstinación con que el viento lo empujaba hacia la parte meridional de África desbarataba sus cálculos. No sabía a que recurrir para salir de apuros. Si no llegaba a territorio inglés o francés, ¿qué sería de él y de sus compañeros entre los bárbaros que infestaban las costas de Guinea? ¿Cómo aguardarían en ellas un buque para regresar a Inglaterra? Y la dirección actual del viento los lanzaba al reino de Dahomey, una de las tribus más salvajes, a merced de un rey que en las fiestas públicas sacrificaba millares de víctimas humanas. Allí su perdición era irremisible.
Por otra parte, el globo perdía gas visiblemente, y el doctor veía acercarse el momento en que sería de todo punto inservible. Sin embargo, viendo que el tiempo se despejaba un poco, abrigaba la esperanza de que después de la lluvia sobrevendría alguna variación en las corrientes atmosféricas.
Pero volvió a tomar conciencia de su crítica situación al oír la siguiente exclamación de Joe:
-¡Frescos estamos! Va a arreciar la lluvia, y ahora diluviará, a juzgar por el nubarrón que se acerca a pasos agigantados.
-¡Otro nubarrón! -dijo Fergusson.
-¡Y no pequeño! -repuso Kennedy.
-Como no he visto otro -comentó Joe.