Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo Al anochecer, los viajeros llegaron a comarcas más pantanosas. Sucedieron a los bosques grupos de árboles aislados, y en las márgenes del rÃo se distinguÃan algunas plantaciones de tabaco y terrenos anegados cubiertos de forraje. En una extensa isla apareció entonces la ciudad de Yenné, con las dos torres de su mezquita de tierra y el olor infecto que emana de millones de nidos de golondrinas acumulados en sus paredes. Algunas copas de baobabs, mimosas y palmeras descollaban entre las casas; incluso durante la noche, la actividad de la población parecÃa muy grande. Yenné es, en efecto, una ciudad muy comercial, y abastece casi exclusivamente a Tombuctú, a donde llegan, con los diversos productos de su industria, sus barcas por el rÃo y sus caravanas por caminos sombreados.
-Si no temiera prolongar nuestro viaje -dijo el doctor-, habrÃamos descendido a la ciudad, donde sin duda hubiéramos encontrado a más de un árabe que ha viajado por Francia o Inglaterra, y que conoce nuestro tipo de locomoción. Pero no serÃa prudente en las circunstancias en que nos hallamos.
-Aplacemos la visita para nuestra próxima excursión -dijo Joe, riendo.
-Además, amigos mÃos, si no me equivoco, el viento presenta una ligera tendencia a soplar hacia el este, y no debemos desperdiciar una ocasión semejante.