Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo -Una cosa muy curiosa, señor, pero muy natural. Lo que harÃa en pequeño una langosta, lo hacen en grande millones de ellas.
-¡Espantosa lluvia! -exclamó el cazador-. ¡Y más devastadora que el granizo!
-Y de la cual no es posible preservarse -respondió Fergusson-. Alguna vez, los campesinos han tenido la idea de incendiar los bosques y hasta las mieses para detener el vuelo de tan voraces insectos; pero las primeras filas, precipitándose sobre las llamas, las apagaban bajo su enorme mole, y el resto de la columna pasaba inexorablemente. Por suerte, en estas comarcas se encuentra cierta compensación de sus estragos, pues los indÃgenas recogen un número inmenso de langostas, que son para ellos un bocado delicado y exquisito.
-Son los cangrejos del aire -dijo Joe-, y siento no haberlos podido probar, pues me gusta instruirme.