Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo -Acostaos y dormid, amigos mÃos -dijo Fergusson-, yo haré la primera guardia. A las dos despertaré a Kennedy; a las cuatro, Kennedy despertará a Joe; a las seis partiremos, ¡y que el Cielo siga velando por nosotros durante esta última jornada!
Los dos compañeros del doctor, sin hacerse de rogar, se tumbaron al fondo de la barquilla y se sumieron enseguida en un profundo sueño.
La noche era apacible. Algunas nubes velaban de vez en cuando el último cuarto de luna, cuyos rayos indecisos disipaban muy ligeramente la oscuridad. Fergusson, acodado miraba a su alrededor. Vigilaba con atención la sombrÃa cortina de follaje que se extendÃa bajo sus pies sin dejar ver el suelo. El menor ruido le parecÃa sospechoso, y procuraba explicarse hasta el más leve temblor de las hojas.
Se hallaba en esa disposición de ánimo que la soledad vuelve más sensible aún, y durante la cual vagos terrores asaltan el cerebro. Al final de un viaje semejante, después de haber vencido tantos obstáculos, en el momento de conseguir el objetivo, los temores son más vivos, las emociones más fuertes, y el punto de llegada parece huir ante los ojos.