Cinco semanas en globo
Cinco semanas en globo -¡Que entre! ¡Que entre! -gritaron todos-. Bueno es que veamos con nuestros propios ojos a un hombre de tan extraordinaria audacia.
-Acaso tan increÃble proposición -dijo un viejo comodoro apoplético- no tenga más objeto que embaucarnos.
-¿Y si el doctor Fergusson no existiera- -preguntó una voz maliciosa.
-TendrÃamos que inventarlo -respondió un miembro bromista de aquella grave sociedad.
-Hagan pasar al doctor Fergusson -dijo sencillamente sir Francis M…
Y el doctor entró entre estrepitosos aplausos, sin conmoverse lo más mÃnimo.
Era un hombre de unos cuarenta años, de estatura y constitución normales; el subido color de su semblante ponÃa en evidencia un temperamento sanguÃneo; su expresión era frÃa, y en sus facciones, que nada tenÃan de particular, sobresalÃa una nariz asaz voluminosa, a guisa de bauprés, como para caracterizar al hombre predestinado a los descubrimientos; sus ojos, de mirada muy apacible y más inteligente que audaz, otorgaban un gran encanto a su fisonomÃa; sus brazos eran largos y sus pies se apoyaban en el suelo con el aplomo propio de los grandes andarines
