Cinco semanas en globo

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Existe un gran comercio de caucho, marfil y, sobre todo, ébano, porque Zanzíbar es el gran mercado de esclavos. Allí se concentra todo el botín conquistado en las batallas que los jefes del interior libran incesantemente. El tráfico se extiende por toda la costa oriental, e incluso en las latitudes del Nilo, y G. Lejean ha visto allí tratar abiertamente bajo pabellón francés.

Apenas llegó el Resolute, el cónsul inglés de Zanzíbar subió a bordo y se puso a disposición del doctor, de cuyos proyectos le habían tenido al corriente desde hacía un mes los periódicos de Europa. Pero hasta entonces había formado parte de la numerosa falange de los incrédulos.

-Dudaba -dijo, tendiéndole la mano a Samuel Fergusson-, pero ahora ya no dudo.

Ofreció su propia casa al doctor, a Dick Kennedy y, naturalmente, al bravo Joe.

Por el cónsul tuvo el doctor conocimiento de varias cartas que había recibido del capitán Speke. El capitán y sus compañeros habían tenido que pasar mucha hambre y muchos contratiempos antes de llegar al país de Ugogo. No avanzaban sino con una gran dificultad y no pensaban poder dar noticias inmediatas de su situación y paradero.

-He aquí peligros y privaciones que nosotros podremos evitar -dijo el doctor.


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