De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -¡Y ninguna guerra en perspectiva! -dijo entonces el famoso J. T. Maston, rascándose su cráneo de goma elástica-. ¡Ni una nube en el horizonte, cuando tanto hay aún que hacer en la ciencia de la artillerÃa! Yo, que os hablo en este momento, he terminado esta misma mañana un modelo de mortero, con su plano, su corte y su elevación, destinado a modificar profundamente las leyes de la guerra.
-¿De veras? -replicó Tom Hunter, pensando involuntariamente en el último ensayo del respetable J. T. Maston.
-De veras -respondió éste-. Pero ¿de qué sirven tantos estudios concluidos y tantas dificultades vencidas? Nuestros trabajos son inútiles. Los pueblos del nuevo mundo se han empeñado en vivir en paz, y nuestra belicosa Tribuna pronostica catástrofes debidas al aumento incesante de las poblaciones.
-Sin embargo, Maston-respondió el coronel Blomsberry-, en Europa siguen batiéndose para sostener el principio de las nacionalidades.
-¿Y qué?
-¡Y qué! PodrÃamos intentar algo allÃ, y si se aceptasen nuestros servicios...
-¿Qué osáis proponer? -exclamó Bilsby-. ¡Cultivar la balÃstica en provecho de los extranjeros!
-Es preferible a no hacer nada -respondió el coroner.