De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna Pudiérase decir que estaban terminados los grandes trabajos emprendidos por el Gun-Club, y, sin embargo, tenÃan aún que transcurrir dos meses antes de enviar el proyectil a la Luna. Dos meses que debÃan parecer largos como años a la impaciencia universal. Hasta entonces los periódicos habÃan dado diariamente cuenta de los más insignificantes pormenores de la operación, y sus columnas eran devoradas con avidez; pero era de temer que en lo sucesivo disminuyese mucho el dividendo de interés distribuido entre todas las gentes, y no habÃa quien no temiese que iba a dejar pronto de percibir la parte de emociones que diariamente le correspondÃa.
No fue asÃ. El más inesperado, el más extraordinario, más increÃble y más inverosÃmil incidente volvió a fanatizar los ánimos anhelantes y a causar en el mundo una sorpresa y una sobreexcitación hasta entonces desconocidas. Un dÃa, el 30 de septiembre, a las tres y cuarenta y siete minutos de la tarde llegó a Tampa, con destino al presidente Barbicane, un telegrama transmitido por el cable sumergido entre Valentia (Irlanda), Terranova y la costa americana.
