De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna Con todo, la proposición de Michel Ardan, como todas las ideas nuevas, no dejaba de preocupar a más de cuatro, por lo mismo que se apartaba de la corriente de las emociones acostumbradas. «He aquà -decÃan-una cosa que no se le habÃa ocurrido a nadie.» Aquel incidente fue luego una obsesión por su misma extrañeza. Daba en qué pensar. ¡Cuántas cosas negadas la vÃspera han sido una realidad al dÃa siguiente! ¿Por qué un viaje a la Luna no se ha de realizar un dÃa a otro? Pero siempre tendremos que el primero que a él quiera arriesgarse debe ser un loco de atar, y decididamente, pues que su proyecto no puede tomarse en serio, hubiera hecho bien en callarse en lugar de poner en fermentación a una población entera con sus ridÃculas salidas de tono.
Pero ¿existÃa realmente aquel personaje? He aquà la primera cuestión.