De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -Absolutamente decidido.
-¿Nada os detendrá?
-Nada. ¿Habéis modificado el proyectil como os indicaba en mi telegrama?
-Aguardaba vuestra llegada. Pero -preguntó Barbicane con insistencia-¿lo habéis pensado detenidamente?
-¡Reflexionado! ¿Tengo acaso tiempo que perder? Se me presenta la ocasión de ir a dar una vuelta por la Luna, y la aprovecho; he aquí todo. No creo que la cosa merezca tantas reflexiones.
Barbicane devoraba con la vista a aquel hombre que hablaba de su proyecto de viaje con una ligereza y un desdén tan completo y sin la más mínima inquietud ni zozobra.
-Pero, al menos -le dijo-, tendréis un plan, tendréis medios de ejecución.
-Excelentes, amigo Barbicane. Pero permitidme haceros una observación; me gusta contar mi historia de una sola vez a todo el mundo, y luego no cuidarme más de ella. Así se evitan repeticiones, y, por consiguiente, salvo mejor parecer, convocad a vuestros amigos, a vuestros colegas, a la ciudad entera, a toda Florida, a todos los americanos, si queréis, y mañana estaré dispuesto a exponer mis medios y a responder a todas las objeciones, cualesquiera que sean. Tranquilizaos, los aguardaré a pie firme. ¿Os parece bien?
-Muy bien -respondió Barbicane.