De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -Amigos mÃos -dijo-, me parece que la cuestión queda resuelta. Si no he logrado convenceros a todos, se debe a que he sido tÃmido en mis demostraciones, débil en mis argumentos: y echad la culpa a la insuficiencia de mis estudios teóricos. Como quiera que sea, os lo repito, la distancia de la Tierra a su satélite es, en realidad, poco importante y no merece preocupar a un pensador grave y concienzudo. No creo, pues, avanzar demasiado diciendo que se establecerán próximamente trenes de proyectiles, en los que se hará con toda comodidad el viaje de la Tierra a la Luna. No habrá que temer choques, sacudidas ni descarrilamientos, y llegaremos rápidamente al término, sin fatiga, en lÃnea recta; y antes de veinte años la mitad de la Tierra habrá visitado la Luna.
-¡Hurra por Michel Ardan! -exclamaron todos los concurrentes, hasta los menos convencidos.
-¡Hurra por Barbicane! -respondió modestamente el orador. Este sencillo acto de reconocimiento hacia el promotor de la empresa fue acogido con unánimes y calurosos aplausos.
-Ahora, amigos mÃos -añadió Michel Ardan-, si tenéis que dirigirme alguna pregunta, pondréis evidentemente en un apuro a un pobre hombre como yo, pero, no obstante, procuraré responderos.