De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -Hace algunos meses, ilustres colegas -prosiguió Barbicane-, que me pregunté si, sin separarnos de nuestra especialidad, podríamos acometer alguna gran empresa digna del siglo XIX, y si los progresos de la balística nos permitirán salir airosos de nuestro empeño. He, pues, buscado, trabajado, calculado, y ha resultado de mis estudios la convicción de que el éxito coronará nuestros esfuerzos, encaminados a la realización de un plan que en cualquier otro país sería imposible. Este proyecto, prolijamente elaborado, va a ser el objeto de mi comunicación. Es un proyecto, digno de vosotros, digno del pasado del Gun-Club, y que producirá necesariamente mucho ruido en el mundo.
-¿Mucho ruido? -preguntó un artillero apasionado.
-Mucho ruido en la verdadera acepción de la palabra -respondió Barbicane.
-¡No interrumpáis! -repitieron al unísono muchas voces.
-Os suplico, pues, dignos colegas -repuso el presidente-, que me otorguéis toda vuestra atención.
Un estremecimiento circuló por la asamblea. Barbicane, sujetando con un movimiento rápido su sombrero en su cabeza, continuó su discurso con voz tranquila.