De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -No hay ninguno entre vosotros, beneméritos colegas, que no haya visto la Luna, o que, por lo menos, no haya oÃdo hablar de ella. No os asombréis si vengo aquà a hablaros del astro de la noche. Acaso nos esté reservada la gloria de ser los colonos de este mundo desconocido. Comprendedme, apoyadme con todo vuestro poder, y os conduciré a su conquista, y su nombre se unirá a los de los treinta y seis Estados que forman este gran paÃs de la Unión.
-¡Viva la Luna! -exclamó el Gun-Club confundiendo en una sola todas sus voces.
-Mucho se ha estudiado la Luna -repuso Barbicane-; su masa, su densidad, su peso, su volumen, su constitución, sus movimientos, su distancia, el papel que en el mundo solar representa están perfectamente determinados; se han formado mapas selenográficos con una perfección igual y tal vez superior a la de las cartas terrestres, habiendo la fotografÃa sacado de nuestro satélite pruebas de una belleza incomparable. En una palabra, se sabe de la Luna todo lo que las ciencias matemáticas, la astronomÃa, la geologÃa y la óptica pueden saber; pero hasta ahora no se ha establecido comunicación directa con ella.
Un vivo movimiento de interés y de sorpresa acogió esta frase del orador.