De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna El capitán Nicholl, que, olvidando los peligros que le amenazaban, había dejado el rifle en el suelo, se ocupaba en liberar con la mayor delicadeza posible a la víctima cogida en la red de la monstruosa araña. Cuando hubo concluido su operación, devolvió la libertad al pajarillo, que desapareció moviendo alegremente las alas.
Nicholl le veía, enternecido, huir por entre las ramas, cuando oyó las siguientes palabras, pronunciadas con voz conmovida:
-¡Sois un valiente y un hombre de bien a carta cabal!
Se volvió. Michel Ardan se hallaba en su presencia, repitiendo en todos los tonos:
-¡Y un hombre generoso!
-¡Michel Ardan! -exclamó el capitán-. ¿Qué venís a hacer aquí, caballeros?
-Vengo, Nicholl, a daros un apretón de manos y a impedir que matéis a Barbicane o que él os mate.
-¡Barbicane! ¡Dos horas hace que lo busco y no le encuentro! ¿Dónde se oculta?