De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -Hablad -dijo Nicholl.
-El amigo Barbicane cree que su proyectil irá derecho a la Luna.
-SÃ, to creo -replicó el presidente.
-Y el amigo Nicholl está persuadido de que volverá a caer en la Tierra.
-Estoy seguro -exclamó el capitán.
-De acuerdo -repuso Michel Ardan-. No trato de poneros de acuerdo, pero os digo muy buenamente: Partid conmigo y to veréis.
-¡Qué idea! -murmuró J. T. Maston, asombrado.
Al oÃr aquella proposición tan imprevista, los dos rivales se miraron recÃprocamente y siguieron observándose con atención. Barbicane aguardaba la respuesta del capitán. Nicholl espiaba las palabras del presidente.
-¿Qué resolvéis? -dijo Michel, con un acento que obligaba-. ¡Ya que no hay que temer repercusiones...!
-¡Aceptado! -exclamó Barbicane.
Pese a la rapidez con que pronunció la palabra, Nicholl la acabó de pronunciar al mismo tiempo.
-¡Hurra! ¡Bravo! ¡Viva! ¡Hip, hip! -exclamó Michel Ardan, tendiendo la mano a los dos adversarios-. Y ahora que el asunto está arreglado, permitidme, amigos mÃos, trataros a la francesa. Vamos a almorzar.
XXII