De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -Lo creo, no es menester que me lo jures -repuso Michel-. Sabes, pues, que en dicha pieza hay un ladrón que en el momento de agujerear la pared de una casa, se pregunta si dará a su agujero la forma de una lira, de una flor, de un pájaro o de un ánfora. Pues bien, dime, amigo Barbicane, si en aquella época hubieras formado parte de un jurado para juzgar a ese ladrón, ¿le hubieras condenado?
-Y no le hubiera valido la bula de Meco -respondió el presidente del Gun-Club-. Le hubiera condenado sin vacilar, y con la circunstancia agravante de fractura.
-Pues yo le hubiera absuelto, amigo Barbicane. He aquà por qué tú no podrás nunca comprenderme.
-Ni trataré de ello, valeroso artista.
-Pero, al menos -añadió Michel Ardan-, ya que el exterior de nuestro vagón deja algo que desear, se me permitirá amueblarlo a mi gusto, y con todo el lujo que corresponde a embajadores de la Tierra.
-Acerca del particular, mi valeroso Michel -respondió Barbicane-, harás de la capa un sayo, y tienes carta blanca.