De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna HabÃa llegado el 22 de noviembre, y diez dÃas después debÃa verificarse la partida suprema. Sólo restaba realizar un último gran paso, pero éste era un operativo delicado, peligroso, que exigÃa precauciones infinitas, y contra cuyo éxito el capitán Nicholl habÃa hecho su tercera apuesta. Tratábase de cargar el columbiad introduciendo en él 400.000 libras de fulmicotón. Nicholl opinaba, tal vez con fundamento, que la manipulación de una cantidad tan formidable de piróxilo acarrearÃa graves catástrofes, y que esta masa eminentemente explosiva se inflamarÃa por sà misma bajo la presión del proyectil.
Aumentaban la inminencia del peligro la indiscreción y ligereza de los americanos, que durante la guerra federal solÃan cargar sus bombas con el cigarro en la boca. Pero Barbicane esperaba salirse con la suya y no naufragar a la entrada del puerto. Escogió sus mejores operarios, les hizo trabajar bajo su propia inspección, no les perdió un momento de vista y, a fuerza de prudencia y precauciones, consiguió inclinar a su favor todas las probabilidades de éxito.
