De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna -He perdido -dijo el capitán, entregando al presidente Barbicane una suma de 3.000 dólares.
Barbicane no querÃa recibir cantidad alguna de un compañero de viaje, pero tuvo que ceder a la obstinación de Nicholl, el cual deseaba cumplir todos los compromisos antes de abandonar la Tierra.
-Entonces -dijo Michel Ardan-, ya no tengo que desearos más que una cosa, mi bravo capitán.
-¿Cuál? -preguntó Nicholl.
-Ojalá pierdan las otras dos apuestas -respondió el francés-. Asà estaremos seguros de no quedarnos en el camino.
XXVI
Y llegó el dÃa clave, el primero de diciembre, porque si el lanzamiento del proyectil no se efectuaba aquella misma noche, a las diez y cuarenta y seis minutos y cuarenta segundos, más de dieciocho años tendrÃan que transcurrir antes de que la Luna se volviese a presentar en las mismas condiciones simultáneas de cenit y perigeo.
El tiempo era magnÃfico. A pesar de aproximarse el invierno, el Sol resplandecÃa y bañaba con sus radiantes efluvios la Tierra, que tres de sus habitantes iban a abandonar en busca de un nuevo mundo.
