De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna El presidente se acercó al cristal y vio una especie de saco aplanado que flotaba delante a pocos metros del proyectil. ParecÃa que estaba inmóvil .Como éste, y, por consiguiente, debÃa suponerse que se hallaba animado del mismo movimiento ascensional.
—¿Qué bulto será ése? —decÃa Miguel Ardán—. ¿Será algún corpúsculo de esos que vagan por el espacio, retenido por la atracción de nuestro proyectil y que irá a acompañarle hasta la Luna.
—Lo que no comprendo —respondió Nicholl— es cómo el peso especÃfico de ese cuerpo, que seguramente es muy inferior al del proyectil, le permite sostenerse a su mismo nivel.
—Querido Nicholl —respondió Barbicane, después de reflexionar un instante—; no sé qué objeto es ése, pero sé perfectamente porqué se mantiene al lado del proyectil.
—¿Por qué?
—Pues simplemente, querido capitán, porque flotamos en el vacÃo, donde los cuerpos caen o se mueven, que es lo mismo, con velocidad igual cualesquiera que sea su forma y volumen. El aire es el que por su resistencia da origen a las diferencias de peso. Cuando por medio de la máquina neumática se hace el vacÃo en un tubo, los objetos que se han puesto dentro, pajas o plomos, caen todos con igual rapidez. AquÃ, en el espacio, la misma causa produce idéntico efecto.