De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna Miguel hablaba y se animaba, en términos que parecÃa estar todavÃa abierta la llave. Pero Barbicane apagó su entusiasmo.
—Todo eso está muy bien, amigo Miguel —le dijo—; pero ¿no nos dirás de dónde vienen esas gallinas que se han mezclado en nuestro concierto?
—¿Esas gallinas?
—SÃ.
Y en efecto, media docena de gallinas y un gallo magnÃfico andaban de un lado para otro, revoloteando y cacareando.
—¡Ah, torpes! —exclamó Miguel—. El oxÃgeno las ha sublevado.
—Pero ¿qué vas a hacer con esas gallinas? —preguntó Barbicane.
—¡Aclimatarlas en la Luna, por Dios!
—Entonces, ¿por qué las escondÃas?