De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna —¡Era una sorpresa que os reservaba, mi digno presidente, pero que ha fracasado, como veis de un modo lastimoso! ¡QuerÃa soltarlas en la Luna sin deciros nada! ¡Cuánto os hubiera sorprendido ver a esos volátiles terrestres picoteando en los campos lunares!
—¡Ah, tunante, eterno y sempiterno! —respondió Barbicane—. ¡Tú no necesitas oxÃgeno para perder la cabeza! ¡Siempre estás como estábamos hace un rato bajo la influencia del gas!
¡Loco de remate!
—¡Bah! ¿Y quién te ha dicho que no estábamos en aquel momento cuerdos y muy cuerdos? —replicó Miguel Ardán.