De la Tierra a la Luna
De la Tierra a la Luna —¿Y no disminuirá nuestra fuerza muscular?
—De ningún modo; en lugar de elevarte a un metro, saltando, te elevarás a dieciocho pies de altura.
—¡Entonces seremos Hércules en la Luna! —exclamó Miguel.
—Seguramente —respondió Nicholl—; tanto más cuanto que si la estatura de los selenitas es proporcionada a la masa de su globo, tendrán apenas un pie de altura.
—¡Liliputienses! —replicó Miguel—. ¡Voy a hacer, pues, el papel de Gulliver! ¡Vamos a realizar la fábula de los gigantes! Ved ahà la ventaja de abandonar el planeta propio y recorrer el mundo solar.